Me gusta diciembre. Casi siempre viene con frío-y me encanta el frío- y con películas y con gente que te encuentras de casualidad y con las que te llaman por teléfono porque hace rato no lo hacen y quieren saber de ti antes de que el año se acabe.
Me gusta este mes último del año porque, entre bufandas de rayas y cuadros y “guanajita” echada para la cena del 24 y el 31, la mayoría de la gente olvida sus rencores y tristezas y se desea buenas cosas…y se abrazan, y se besan y se dan palmaditas en el hombro y hasta se dicen Felicidades, aún cuando todavía no estamos a 20.
Me gusta diciembre, sin tener que explicarlo mucho, aunque se me encaje la nostalgia en el pecho y las tristezas afloren porque diciembre es también el mes de las emociones encontradas…el mes en el que uno hace un recuento del año vivido y se traza las pautas para el próximo…el mes en el que uno(yo) se da cuenta de todo lo que no ha hecho y que tal vez, ya no pueda hacer…el mes en el que desearía estar siempre junto a quienes quiere y en el que la añoranza por los que no están crece y crece.
Diciembre me gusta…con todo lo que trae







