Copenhague, una oportunidad desperdiciada

Hoy, en la capital cubana, las lágrimas han caído del cielo desde temprano. Porque según el viejo refrán, las oportunidades son calvas, si se dejan pasar luego es muy difícil retomarlas, ni por los pelos podemos agarrarlas. Es lo que ha sucedido en la ciudad danesa de Copenhague, durante la celebración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Lo irremediable es que ya llegó a su fin y con él quedó atrás la oportunidad para que los buenos propósitos encontraran su espacio. Muchos quedaron, decepcionados, con la boca abierta y las esperanzas en el piso.

No solo se trataba de aunar voluntades para mitigar la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera, responsabilidad que pesa, en gran medida, sobre los hombros de los países industrializados. Se pudo ver que solo quedó en el intento el convenio de cooperación internacional a largo plazo para lograrlo. Más que analizar cuestiones técnicas, se trataba también de trascender el debate a aspectos más relacionados con las personas, sus comportamientos e influencias en las acciones mundiales, según pedía el informe Estado de la Población Mundial 2009, presentado en la capital británica el mes anterior.

Tal vez si se hubiera visto el asunto desde la manera como vivimos, consumimos y producimos y el papel primordial que puede desempeñar la mujer en el desarrollo de una conciencia ambiental, sobre todo en los países pobres, se hubieran logrado más avances.

Temas como la salud reproductiva, el crecimiento demográfico, la planificación familiar y las migraciones forzadas, relacionados todos con el cambio climático tal vez hubieran sacado a la luz iniciativas y acuerdos más contundentes.

Los países del Sur, los que menos contribuyen con el cambio climático y que a su vez padecerán sus consecuencias con mayor gravedad, tenían sus expectativas muy altas. Confiaban en posibles acuerdos porque la toma de conciencia es urgente ante la posibilidad de que los pronósticos de los especialistas se adelanten, ante la necesidad de enmendar los errores por el bien de las actuales y las futuras generaciones. Pero ahora todo quedó en el tal vez, a la espera de otra oportunidad, que quizás no llegue. ¿Para qué? Si de todos modos esta no se supo aprovechar.

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