Razones para celebrar?

Mares enlutados, bosques deforestados. Guerras interminables, animales desesperados. Sequías intensas, temperaturas elevadas. Poblaciones en riesgo, terremotos devastadores. ¿Soluciones? A la espera… Esos son algunos de los elementos de una posible lista que podría hacerse del panorama de nuestro mundo a dos días de la vitoreada fecha que se nos avecina.

5 DE JUNIO: DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE

¿Acaso las especies marinas, afectadas por el derrame de petróleo en el Golfo de México podrán celebrarlo? O tal vez, pudieran hacerlo las comunidades indígenas que han perdido espacio de sus hábitats, a raíz de la acción indiscriminada contra sus bosques. ¿Pudieran celebrar esta fecha los habitantes de las islas de las Filipinas, dependientes de la biodiversidad marina para subsistir, cada vez más dañada? O quizás los haitianos que aún padecen las consecuencias de un grito de advertencia que les lanzó el planeta desde el pasado enero… Suena poco creíble.

Arribar a ese día y solo escuchar o leer informaciones de la prensa que rozan lo eufemístico. Una vez más recordar el trágico desenlace de la Cumbre de Copenhague o el insistente esfuerzo de Evo Morales en Cochabamba o los desastres que trae aparejado el cambio climático nos demostraría cuán lejos podemos estar de una celebración el próximo sábado. Hace 38 años, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el quinto día del sexto mes del almanaque para dedicárselo al medio ambiente, pretendía desde entonces promover la sensibilización, atención y acción política mundial en torno al tema. Se visualizaban dos grandes desafíos: desarrollar capacidades de producción en todos los países que no entrañaran un impacto negativo sobre los recursos naturales y, al mismo tiempo, mitigar los efectos que estos procesos pudieran tener sobre el medio ambiente.

Desafortunadamente el desarrollo tecnológico en el que nos hemos concentrado, nos ha llevado a una involución en otros sentidos. Diez años después del inicio del milenio ya no funciona detenerse, mirar hacia atrás y cambiar lo que hemos provocado. Y lamentar, tampoco funciona. Que no existan tribunales de justicia climática para sancionar a los países industrializados que incumplen o ignoran los acuerdos para la reducción de los gases que generan el efecto invernadero, no nos exonera de tomar decisiones. Hoy se trata de darle un rostro a los temas ambientales, motivarnos a ser agentes activos del desarrollo sostenible y equitativo, promover el papel fundamental de las comunidades en esta dinámica y, sobre todo, fomentar la cooperación internacional, garantía para que todos disfrutemos de un futuro más próspero y seguro. Aunque nos cuestionemos tanto de cuál futuro podremos hablarle a nuestra descendencia, no podemos seguir de brazos cruzados.

El próximo 5 de junio debería ser el día de la disposición, la voluntad y el accionar por el medio ambiente. Debería ser el día cuando todos nos sentáramos a dilucidar cuánto contribuimos o no a su degradación; cuánto podemos hacer desde nuestra posición para que cicatricen y se eviten las heridas; cuán ajustados debemos tener los cinturones para no perder más tiempo ni más mundo. (Publicado en Cubahora.cu)

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