Hace 9 años, el pasado 11 de septiembre, las Torres Gemelas fueron derrumbadas. Los daños fueron gigantescos. Ni siquiera bastaría querer reconstruirlas, no sería igual. Sirvió de pretexto para numerosas artimañas y se mantiene como un hueco irrellenable en la memoria identitaria de los estadounidenses.

El pasado sábado 11 de septiembre, aún cuando mi estatura y simpleza no rocen ni tan siquiera las de aquellas, me sentí desplomada igual. Tal vez deba reconocer que fue como un auto-ataque, teniendo en cuenta que fui la responsable principal de ese desplome pero esa fue la magnitud.

No existe otra mejor manera de compararlo.

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