Por el camino de Expósito…

Ya lo había escuchado: el boulevard de Bayamo, en la provincia oriental de Granma, es el mejor de Cuba. Es como cruzar la frontera, estar en otro país, en otro mundo. Y, ¿por qué la hiperbolización comparativa con otras latitudes? ¿Por qué la incredulidad ante tal afirmación de quienes como yo no lo habían visitado?

Fácil respuesta. Vivimos convencidos de que muy pocas cosas aquí se hacen bien, o de que si empiezan bien no durarán mucho. A diario vemos inaugurar cines, cafés, centros culturales, discotecas, cafeterías, plazas con sus consiguientes “novedosas” iniciativas y todo el halo fantástico de lo propuesto y garantizado para que funcione por el bienestar y disfrute del pueblo se evapora a los pocos meses. Sin embargo, ¿qué pasó en Bayamo?

Pues, la voluntad de un buen hombre se abrió paso y se materializó en la realidad. Lázaro Expósito, actual primer secretario del Partido en Santiago de Cuba y anteriormente el de Granma fue el hacedor de sueños, merecedor de una clonación si esta fuese permitida.

Últimamente he recorrido la mayoría de los boulevards del país-algunos todavía me faltan- y no he podido dejar de reconocer que el mío, el que tiene la capital, no tiene nada que envidiarle a los otros, de hecho, más bien, debería estar más limpio y más a tono con lo que en otras provincias se ve. En todos coexisten las mismas tiendas TRD, las “tiendas de peso cubano”, las de ARTEX, alguna que otra cafetería o restaurante en moneda nacional y una cremería que, emparentada de alguna manera con la Coppelia habanera, oferta más de tres sabores y a precios comparativamente más baratos.

Pero en Bayamo hay algo más.

El boulevard de Bayamo es una línea recta que se extiende con viviendas particulares a ambos lados, carentes de portal. Esculturas verticales y horizontales guían el camino y hasta los postes de la luz disimulan su naturaleza gris y fría bajo la fachada del tronco de un árbol o de un tubo de pasta dental, artísticamente trabajado. Casi todo es en moneda nacional, primer asombro de los turistas nacionales, como yo, secundado por el que se deriva al encontrar en las vidrieras productos que en La Habana escasean luego de la kilométrica cola de los revendedores. Bares, museos, restaurants de distintas categorías y clasificaciones y hasta una Cuadra Gastronómica en la que las empanadas, los sandwishes, las minutas de pescado, los jugos y batidos, etc, no se acaban de un tirón.

Pero hay más…

Marcada intención de darle un espacio a todos como cada quien se lo merece.

Mi boca abierta…-señal de asombro.

¡Una cremería infantil!, donde solo pueden entrar los niños a disfrutar de su helado-menos de un peso la bola-mientras los dibujos animados se suceden en un televisor y el ambiente los incita a leer, cantar y compartir.

 

 

¡Un salón de belleza infantil!, en el que los papás llevan a sus hijos a cortarse el cabello y estos se sientan en briosos caballitos que hacen la función de sillón de barbería y además reciben sorbetos y caramelos de regalo.

¡Un agromercado con aire acondicionado, extremadamente limpio!, en el que de repente no se sabe si entras a comprar o simplemente a admirar, como sucede en los museos.

 

 

…y más.

Ideas bien pensadas, ejecutadas con el deseo de que perduren y provoquen satisfacción desmedida en los bayameses-que deben hacer por cuidarlas y conservarlas- y en los que pasean por la ciudad y escudriñan, asombrados, cada uno de sus rincones.

Sí, fue Expósito el que expandió su magia, pero otros también pueden hacerlo.

¿Por qué tuvo que ser él quien se apareciera una noche sorpresivamente en algunas panaderías y dulcerías en Santiago para ser testigo del desorden y la poca limpieza de los establecimientos y de la elaboración de los productos? Porque antes de él, nadie lo hizo o no lo quiso hacer, como mismo sucedió en Bayamo.

Hoy está entre los santiagueros el buen hombre que multiplicó voluntades en la tierra de Céspedes y demostró que sí podemos hacer cosas buenas y duraderas. Que siga igual…y que otros sigan sus pasos, su camino.

 

 

 

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Una respuesta a Por el camino de Expósito…

  1. Conocí personalmente a Lázaro Expesósito y no pierdo la esperanza de volver a estrchar su mano, ahora en Santiago de Cuba. Eso que está haciendo en la Ciudad Héroe ya lo hizo en Bayamo. Por ahí empezó todo: enseñó a la gente a tener responsabilidad, honestidad y ganas de trabajar, dignificó el trabajo y las instituciones, en verdad, hizo magia. Lo que muestran hoy los bayameses es el resultado del trabajo de un hombre (multiplicado en muchos) que no tenía horas laborales, que recibía al pueblo, incluso en su casa, incluso en tardías horas de la noche o tardías horas de la mañana para escuchar sus problemas y ¡darles soluciones! Por eso Bayamo es lo que es. Una de las ciudades más lindas y limpias de Cuba. Y si los actuales dirigentes han mantenido el ritmo y han aprovechado las enseñanzas de Lázaro, entonces felicidades, y felicidades al pueblo santiaguero que también tendrán todo eso pronto.

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