Crecen las deudas….

“Queridos alumnos…o mejor… Entrañables amigos: No debía ser así….”

Cuando Eduardo Heras León comenzó a leer el “discurso formal de despedida” de la graduación decimocuarta del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, a todos nos temblaron las piernas. ¿NO debía ser así? ¿Y cómo? ¿Tendríamos la posibilidad de más tiempo en el Centro?

“En este día, en el que se pone la última piedra del edificio que hemos construido en los últimos meses, se produce una muda del nivel de sentimiento y la alegría se trasmuta entonces…y ese hálito de tristeza aparece, y tal vez una lágrima se esconderá ya en un rincón destinado a los buenos recuerdos…”

“Algo tiene este Centro, en sus humildes aulas, en el intenso deseo de verlos crecer como escritores…”-Ahí sí se nos unió el techo con el piso, y la emoción nos tragó…

“En fin, hoy es un día en el que estamos alegremente tristes o tristemente alegres y ya, no busquemos más respuestas…”

Rememoró todo lo vivido en este tiempo, en el que conversar de literatura fue lo que nos motivó a levantarnos cada sábado-a los habaneros- y a desafiar carreteras y líneas férreas-a los de otras provincias-. No hacían falta muchas palabras…en cada uno de nosotros se esbozaban en la mente los mejores momentos del curso, las “discusiones afables” en torno a un texto, los desvelos para leer todo, o casi todo, de lo que comentaban en las clases, las historias construidas entre todos, las anécdotas de El Chino y las risas compartidas por los comentarios “salidos del plato”.

Recordamos las conferencias recibidas por Margarita Mateo, Reynaldo González, Eduardo Galeano y Abel Prieto; los vaivenes de los cuentos que nos develaban a un Heras profundo, a una Ivonne inigualablemente dulce, a un Raúl atrevido y a un Sergio tremendo. Y fueron, uno tras otro, esos recuerdos los que de pronto llenaron el aula y nos aplastaron, nos dejaron ahí medio llorosos, medio sonrientes, medio satisfechos, medio ambiciosos…

“El agradecimiento es la memoria del corazón”, dijo alguien….Por eso la matancera Mayla, en nombre de los “provincianos” dijo unas palabras…

…y el súper habanero Daniel Fundora agradeció a todos estos “asesinos expertos, que nos destripaban nuestros textos, en ese pelotón de fusilamiento en el que Sergito nos cortaba los pies; Heras, las manos y Raúl, sin contemplación, la cabeza”. Claro, no dejó de mencionar la lavadora rota de su mamá, quien espera con desespero que su hijo gane el premio Eduardo Galeano de este año..

Todos lo intentaremos, pero lo mejor no es ni siquiera eso…Lo mejor es que aunque sabemos que en Macondo se aprende que al lugar en el que fuiste feliz no debes regresar, todos nosotros sí regresaremos, sobre todo con el pensamiento, al lugar en el que tanto aprendimos y en el que comenzaron a llenarse las listas de deudas para con esta gente, tan dadivosa, talentosa, especial.

“Queridos alumnos, o mejor, Entrañables amigos…Los abrazo como si quisiera mantenerlos, sí, los abrazo…y ahora, ¡A escribir!”

Empezaron los diplomas a encontrar a sus dueños…se amontonaron los abrazos, los besos, las fotos, los “brindis modestos” …Comenzó Raúl, guitarra en mano, a sorprendernos cantando…Se agolparon las lágrimas, las sonrisas, los papelitos con direcciones, correos y teléfonos….

Y mi deuda…comenzó a crecer…

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